lunes, 3 de agosto de 2015

¿Qué es ser Maestro?

Quisiera compartir con ustedes esta lectura que me parece muy interesante y nos hace reflexionar sobre la labor de un maestro.


                     Un Verdadero Maestro tiene un lugar asegurado junto a Dios
                                                                                                                       Por: Agustín Farje Núñez

La primera misión del maestro consiste en conocer los pormenores de su profesión y valorarla en toda su extensión. Debe saber que la educación tiene -sin eufemismos- una misión trascendente y decisiva, que sus efectos se dan a largo plazo, que de ella depende la formación de hombres que puedan tomar en sus manos el destino futuro de la nación peruana. Sus resultados se miden en el tiempo, en la calidad de personas que se alcance y en el progreso del entorno político, social, económico, axiológico.

Misión importante del maestro es lograr de los discípulos, cualquiera ellos sean, se conviertan en hombres buenos, de provecho para el país, que sepan confiar en sus autoridades, en su Patria para que no renieguen de ella y no les sea indiferente en sus problemas, en su futuro, porque ellos son la base de ese futuro que queremos de progreso.

Todo estudiante que esté bajo su tutela, debe ser tratado desde la misma perspectiva de delicadeza, dignidad y derechos. Sin embargo, el maestro debe estar atento también a las diferencias individuales, a fin de adecuar sus métodos y sistemas a las necesidades de sus estudiantes.

Una tercera misión es despertar la vocación de sus estudiantes. Para lo cual debe conocer la historia de cada uno en sus diferentes contextos: personal, familiar, amical, social, sus inclinaciones, sus preferencias.

Conocer a los estudiantes es una tarea importante, sobre todo porque de este conocer, debe surgir la orientación atinada de los especialistas y del mismo profesor para evitar que los estudiantes fracasen cuando deban escoger su ubicación en la vida.

Todo docente acucioso se da cuenta de las cualidades de sus estudiantes. Si se sistematizara esta observación con un mayor acercamiento personal y con la aplicación de pruebas que reflejen casi con exactitud las competencias del estudiante, se podría orientar mejor a nuestra juventud evitándoles frustraciones.

Es importante hacer un seguimiento de los niños desde su comienzo escolar y continuarlo a donde vaya, de tal manera que la orientación vocacional se haga sobre bases realistas y no supuestas e improvisadas.

Sin embargo, hay una vocación que debe despertar en todos sus alumnos y esa es la vocación del estudio, del aprendizaje, de la lectura, de la curiosidad por saber cada día algo más, de saber constantemente investigar, de estar informado de los acontecimientos de su entorno, del mundo. El mundo que ya estamos enfrentando es el del conocimiento y sin esta vocación, volveríamos al primitivismo que actualmente nos está amenazando peligrosamente.

Incentivar en el estudiante la necesidad de descubrir el conocimiento, antes que imponerle una enseñanza, es otra misión esencial. Cuando el maestro comprende su misión, vive su realidad, se involucra en ella, la cuestiona, la trata de elevar, no se queda conforme porque sabe que un pueblo tiene la fuerza necesaria para progresar y salir adelante. El maestro debe saber movilizar esa fuerza en un sentido positivo, siempre, porque se convierte en un generador de humanidad cuando llega a comprender el porqué de su existencia y el porqué de su profesión.

A veces no comprendemos por qué los políticos no entiendan la tarea del educador y lo postergan tanto; o lo entienden a medias y no le dan a esta profesión su verdadera dimensión. Pero pese a las muchas dificultades con las que casi siempre tiene que bregar, un auténtico Maestro mantiene siempre vivos su fe y su optimismo, ya que es consciente de que educa con su fuerza espiritual.
Es maestro, porque quiere contribuir a educar a su pueblo sin ningún tipo de discriminación; quiere educar a su pueblo para desengrilletar su mente de las cadenas de la ignorancia y devolverle la dignidad.

Es maestro, porque tiene la capacidad de pensar y obrar antes en el bienestar de su pueblo que en el suyo propio. Es maestro, porque es capaz de cruzar ríos y quebradas e ir por polvorientos caminos bajo el sol, la lluvia y la soledad, para dar el encuentro a sus niños y enseñarles a descubrir el mundo con sus propios medios.

Es maestro para dar mejor calidad humana y de vida a su pueblo y para que él también aprenda a ser libre y a conquistar su propia libertad. Es maestro, porque ha realizado una introspección profunda de su ser interior, encontrando que en él no hay resentimiento, no hay revanchismo; sólo hay el deseo de hacer crecer el espíritu de sus estudiantes para que logren sus destinos brillantes, fuera de toda oscuridad.

Es maestro porque sabe lo que es la democracia, la equidad, la solidaridad, la paz, el espíritu de empresa e iniciativa, porque es capaz de fomentar conductas plenas de valores para que sus estudiantes sean mejores hombres y mujeres cada vez. Es maestro porque ésa es la vocación de su vida, su destino, su propia dignidad y su propia naturaleza de ser humano.

El Perú necesita de un Maestro libre, equitativo, solidario, amante de la belleza, amante del conocimiento. El Perú necesita de un Maestro con el corazón rebosante de optimismo y alegría. El Perú necesita de un Maestro emprendedor, con criterio propio. El Perú necesita un Maestro que ame a los niños y diga como el Rabí de Galilea “Dejad que vengan a mí”. El Perú necesita un Maestro que lea, que lea siempre, que lea hoy, mañana, en el día, en la noche, en cada instante de su vida.

El Perú necesita de un Maestro que investigue, que haga de su aula un laboratorio cálido. El Perú necesita de un Maestro en quien la democracia no sea solo una prédica sino una auténtica manifestación de vida cotidiana. El Perú necesita de un Maestro que libere la mente de sus semejantes de las cadenas de la ignorancia. Porque un Maestro así, tiene un lugar asegurado junto a Dios.


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